A Big Child Ministry

Una Sonrisa tras la Tapia (Muro)

Posted on: 07/21/2009

Una Sonrisa tras la Tapia (Muro)
Autor: José Luis Martín Descalzo

sonrisatraselmuro   

Raúl Follerau solía contar una historia emocionante:

Visitando una leprosería en una isla del Pacífico le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que iluminaba con un "gracias" cuando le ofrecían algo.

Entre tantos "cadáveres" ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano. Cuando preguntó qué era lo que mantenía a este leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas.

Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba al leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una cara de mujer, viejita y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía el también. Luego el rostro de mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar a que cada mañana regresara el rostro sonriente. Era -le explicaría después el leproso- su mujer. Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron al leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor. "Al verla cada día -comentaba el leproso- sé que todavía vivo."

No exageraba: vivir es saberse queridos, sentirse queridos. Por eso tienen razón los psicólogos cuando dicen que los suicidas se matan cuando han llegado al convencimiento pleno de que ya nadie les querrá nunca. Porque ningún problema es verdadero y totalmente grave mientras se tenga a alguien a nuestro lado.

Por eso yo no me canso nunca de predicar que la soledad es la mayor de las miserias y lo que los demás necesitan verdaderamente de nosotros no es ni siquiera nuestra ayuda, sino nuestro amor. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las medicinas. Para un viejo no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un poco de comprensión de sus rarezas. El indigente necesita más nuestro cariño que nuestra limosna. Por un lado es tan necesario sentirse persona trabajando como el sueldo que por el trabajo le pagarán.

Y asombrosamente, la sonrisa -que es la más barata de las ayudas- es la que más tacañeamos. Es mucho más fácil dar cien pesos a un pobre que dárselos con amor. Y es más sencillo comprarle un regalo al abuelo que ofrecerle media hora de amistad.

Dar sin amor es ofender. Lo decía con palabras tremendas, pero verdaderísimas, Vicente de Paúl: "Recuerda que te será necesario mucho amor para que los pobres te perdonen el pan que les llevas." Solemos decir; "¡Son tan desagradecidos!" Y no nos damos cuenta de que ellos perciben perfectamente cuándo damos sin amor, para quitárnoslos de encima y dejar tranquila nuestra conciencia. Son, por ello, lógicos odiando nuestra limosna, odiándonos. Les empobrecemos más al ayudarles, porque les demostramos hasta que punto no existen para nosotros.

¡Todo sería, en cambio tan distinto si les diéramos cada día una sonrisa de amor en la tapia de la vida!

traslatapia  

Creative Commons License

Texto: José Luis Martín Descalzo de su libro "Razones para el amor."
Fuente: Puerto Rico en Breve© –
preb.com 
Imágenes: Superior – “Teenage boy leaning over wall” de Michael Kelley. Tomada de www.gettyimages.com 
Inferior – “Boy looking through crack in fence” de Michael Prince. Tomada de
www.gettyimages.com

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Año Nuevo, Proyectos Nuevos

Después de mucho meditarlo en los últimos meses, he decido poner fin a esta aventura.
Este blog ya no sé seguirá editando más.
Gracias a todos aquellos quienes visitaron con frecuencia este espacio desde que estaba en spaces.live.com.
Marco Rubio.
Enero, 2012.

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