A Big Child Ministry

Mujeres en la Biblia

Posted on: 03/08/2011

Las Mujeres en la Biblia 
Revelando Sus Historias Escondidas 
Por Marco Rubio – abigchild@yahoo.com.mx 
A Big Child Ministry – abigchild.wordpress.com

De Adán a los Padres de la Iglesia, la Biblia parece haber sido escrito solo por hombres y para ser leída e interpretada exclusivamente por ellos. Proveniente de una cultura con una estructura patriarcal muy arraigada, la presencia femenina en sus páginas es muy escasa. De los más de 3,000 personajes que aparecen en ella, apenas un 10% son mujeres. Algunas de ellas retratadas favorable y otras desfavorablemente por parte de los autores bíblicos.

Durante muchos siglos los principales estudiosos de la Biblia y las máximas autoridades en el tema han sido hombres. Por ello no resulta raro ver que los personajes masculinos sean frecuentemente resaltados, mientras que las mujeres simplemente son dejadas en el silencio y abandonadas en el olvido eclesiástico. No ha sido sino hasta años recientes que una nueva generación de mujeres investigadoras y teólogas se ha volcado a sacar del oscurantismo religioso misógino a los personajes femeninos bíblicos, reintegrando sus grandes contribuciones a la historia del Pueblo de Dios.

Volver a dar voz a las mujeres en la Biblia no has sido una tarea fácil. Es un trabajo agotador el derribar los viejos y grandes muros de las malas interpretaciones, los errores de traducción, las alteraciones deliberadas, las adiciones, las sustracciones y, sobre todo, los mitos populares.

Encontramos situaciones así desde el principio de la Biblia. Por ejemplo:

CAPITULO 1 – EVA

Durante generaciones Eva, la mujer original, a sido identificada como la tentadora, la seductora, y nuestra imagen tradicional de ella ha sido siempre ofreciendo «La Manzana de la Tentación» al pobre e indefenso Adán, haciéndolo pecar. Sin embargo, la Biblia nunca señala eso. Solo porque en algunas representaciones gráficas antiguas, sobre todo del Renacimiento, ella aparezca con una manzana en la mano, no significa que esta haya sido la fruta en cuestión para empezar.

Y es que no solo se trata de un problema de manzanas o membrillos. Si leemos cuidadosamente el libro del Génesis en su lenguaje original descubriremos que no hay mención alguna de las palabras «La Tentación de Adán», «Seducción», «La Maldición de Eva», «La Caída del Hombre», «Pecado» o «Pecado Original», argumentos “religiosos” que todavía hoy sirven cómo base para culpar a la mujer de la ruina de la humanidad y, en castigo, convertirla en sirviente del hombre. Incluso se nos ha hecho creer que el asunto fue puramente sexual, cuando en realidad el problema fue simplemente la desobediencia a Dios.

Curiosamente, Pablo de Tarso, el primer filósofo y teólogo cristiano, en su Carta a los Romanos responsabiliza a Adán (y no a Eva) de que el pecado y la muerte hayan venido a la vida y a todo el mundo.

En beneficio de la supremacía masculina, durante siglos se ha cometido el error de ver una mandato donde no lo hay. De tal manera que una simple descripción se ha convertido en una prescripción. Cuando Dios dice a Eva «Tus deseos serán los de tu marido y él tendrá dominio sobre ti», no está dando una orden sino simplemente mencionando la forma como serán las cosas de ese momento en adelante fuera del paraíso. El Hebreo original habla sencillamente de que “él pondrá reglas en ti”, que traducido en lenguaje contemporáneo significa “las reglas de él serán las tuyas”.

La historia de Eva también puede ser vista como una historia de liberación. De entre todas las creaciones originales, ella es la inteligente, la enérgica, la proactiva, la que piensa en si de puede o no comer el fruto del árbol del conocimiento (la sabiduría), mientras que Adán simplemente no hace nada, se queda como el actor pasivo de la historia.

La primer mujer fue creada por Dios para ser la compañera del primer hombre, para unirse a él y convertirse en un solo ser, no para humillar a todas las mujeres por medio de la dominación del prejuicio religioso.

CAPITULO 2 – HAGAR

En las antiguas culturas bíblicas los hombres tenían todo el poder sobre las mujeres. Ellos las compraban y las vendían, frecuentemente como esclavas.

Una esclava en particular, Hagar, ha llamado la atención de las mujeres Hispanas y Afromericanas contemporáneas. Pues, de la misma forma que la perspectiva de la interpretación bíblica de los hombres no es necesariamente igual a la perspectiva de las mujeres, las mujeres pertenecientes a minorías étnicas no comparten las mismas perspectivas que las mujeres blancas.

Dios promete a Abraham una tierra propia y una gran descendencia. Pero debido a que tanto él como su esposa, Sarah, son demasiado viejos para tener hijos, esta le pide a él que engendre un hijo para ella con Hagar, su sirvienta Egipcia, un hecho que resulta ofensivo para nuestra moral occidental.

Para la cultura hebrea la prosperidad material y un hogar lleno de niños eran vistos como señal de favor divino. Para las mujeres de la época la infertilidad era la peor maldición que pudieran recibir. Una mujer sin hijos o con una matriz improductiva era muy mal vista por sus contemporáneos. A través del parto aumentaba su importancia en su sociedad.

Los hijos significaban riqueza. Eran fuerza de trabajo para arar la tierra y cuidar los rebaños. Permitían a las tribus formar alianzas a través del matrimonio. Y lo más importante, continuaban el nombre familiar.

En su conocimiento, la vida eterna o la vida después de la muerte solamente era posible de alcanzar a través de la descendencia, en específico los hijos varones. Por el contrario, morir sin dejar hijos era la mayor desdicha que podría sucederle a alguien.

Para una mujer como Sarah, el ser incapaz de poder dar un hijo a su marido era cuestión de vergüenza. Por ello no resulta raro que le pidiera a su esposo que tuviera relaciones sexuales con su esclava para así poder darle un hijo a este y a su vez ella poder ser madre.

Una vez sabiéndose embarazada, Hagar comienza a sentirse superior a Sarah, quien a su vez, celosa de su preñez, comienza a abusar de su sirvienta, obligándola a huir al desierto. En ese lugar Dios habla directamente a Hagar (lo que la convierte en ser la primera mujer después de Eva que recibe tal honor) alentándola a regresar a la casa de su ama, pidiéndole que nombre a su hijo Ismael y haciéndole a ella (una mujer pagana) la promesa de que su descendencia será incontable, convirtiéndola en la versión femenina de Abraham.

Durante casi 14 años una falsa y aparente paz reina en la casa de Abraham, hasta que, a la edad de 90 años, Sarah logra engendrar un hijo, a quien llamará Isaac y por medio del cual los judíos reclaman su linaje espiritual con Abraham. Después de dar a luz, ahora celosa del hijo de Hagar y con la intención de despojarlo de sus derechos a la herencia de su padre, Sarah obliga a Abraham a correr a su esclava y su hijo.

Nuevamente en el desierto, pero ahora con un hijo a punto de morir de sed, Hagar recibe el llamado de Dios, quien le infunde valor, salva la vida de su pequeño y le promete a ella cuidarlo y protegerlo personalmente, pues con él creará una gran nación.

Si bien Hagar siempre había sido la voz muda en esta historia, en la actualidad encuentra eco en temas relacionados a la ciudadanía, la etnia, las diferencias de clases, la explotación económica, laboral y sexual y el polémico uso cómo úteros sustitutos de las mujeres extranjeras, inmigrantes, hispanoamericanas, africanas y asiáticas, dedicadas mayormente al servicio doméstico (algunas veces casi como esclavas) en países cristianos del primer mundo.

CAPITULO 3 – TAMAR

A diferencia de Hagar, hubo una mujer que sí se enfrentó a la injusticia de la sociedad patriarcal de su tiempo no permitiendo que su voz quedara en el silencio, haciéndose escuchar por si sola: Tamar.

Después de morir su primer esposo sin dejar descendencia, de acuerdo a la ley, Tamar se casó con el hermano soltero de éste para cumplir con el mandamiento de dar a luz a un hijo que continuara el linaje de su difunto esposo.

Sin embargo, esto no sucedió. Su segundo esposo se niega a engendrar un hijo al que nunca podrían llamar su descendiente. Así que Dios le arrebata la vida por practicar coitus interruptus.

Tamar intenta casarse con el siguiente hermano. Pero su suegro, Judá, sospechando que ella es quien en realidad está detrás de la muerte de sus hijos, se niega a darle su tercer hijo, quien en ese entonces era menor de edad y decide enviarla de nuevo a casa de su padre, en calidad de viuda, donde deberá permanecer casta hasta que su hijo tenga la edad suficiente para casarse con ella.

En aquel tiempo, cuando un esposo o un suegro enviaba a una mujer de nuevo a la casa de su padre esta quedaba declarada libre de cualquier compromiso adquirido con él, dándole incluso la libertad de volver a casarse de nuevo. De tal manera que, aunque en convenio privado, Judá la sigue considerando viuda con derechos, con tal acción, legalmente ella los había perdido todos.

Pero la astucia de Tamar es más grande que la de su suegro. Al ver que pasaba el tiempo, el hijo menor había llegado a la edad adulta y Judá aún no se lo daba como esposo, ella decide engañar a su suegro (el hombre más poderoso de su vida) disfrazándose de prostituta, para conseguir lo que ella quería: no dejar improductiva su matriz y quedar embarazada de un familiar cercano a su difunto esposo.

Una vez embarazada los problemas de Tamar no terminan sino que empeoran. Ella no le cuenta a nadie sobre su condición. Pero cuando su vientre comienza a crecer y se hace notorio su embarazo, la gente comienza a murmurar debido a su condición de viuda, su extraño embarazo es visto como un caso de adulterio. Al saber tal situación, Judá ordena quemarla.

A punto de ser asesinada, Tamar revela la identidad del padre del hijo que espera: su propio suegro. Ante tal sorpresa, Judá reconoce el error que ha cometido en contra de ella y la acepta.

Tamar da a luz a gemelos varones, dos hijos que remplazarán a sus otros dos hijos perdidos de su suegro. Si bien en esta historia ella comienza “maldecida”, termina con una bendición doble.

Tamar representa el cumplimiento de la justicia a cualquier precio. A diferencia de su suegro, ella es justa porque cumplió con las obligaciones de la relación con su marido muerto, no dejando que el nombre de éste se perdiera por falta un descendiente.

CAPITULO 4 – MIRIAM

Si bien, las mujeres de la Biblia nunca fueron, de alguna forma u otra, igual de poderosas que los hombres de su tiempo, tampoco fueron las actrices débiles y pasivas de su historia, cómo siempre se nos ha hecho creer.

A diferencia de las mujeres cristianas, las judías también celebran la vida de Miriam, la hermana de Moisés. Sin su intervención directa simplemente el pueblo judío nunca hubiera podido alcanzar su libertad.

En su primera actuación heroica ella desafía al tiránico gobernante egipcio de su época salvando a su hermano recién nacido de un decreto de muerte. Mas tarde, ella enfrentará los mismos problemas que su hermano Moisés para, junto a él, lograr la liberación de su pueblo, llegando a adquirir el título de profeta por méritos propios al liderar a todas las mujeres mientras cruzaban el Mar Rojo.

CAPITULO 5 – RAHAB

En el libro de Josué es Rahab, una prostituta no judía, quien ayuda a Josué a conquistar Jericó escondiendo a los espías éste en su casa. Por su valentía y su solidaridad con los israelitas, ella y su familia son los únicos respetados en el saqueo de la ciudad por parte del pueblo de Israel. Su fe y actuación, ejemplo de hospitalidad y solidaridad, solo son comparadas en la cultura Judía con las de Abraham y su esposa Sarah.

CAPITULO 6 – DEBORAH Y JAEL

Uno de los guerreros más prominentes en el Libro de Jueces es una mujer: Deborah. Ella fue una profeta, gobernadora y juez de Israel y que comandó un ejército en la batalla, porque su general no quería ir sin su compañía.

Deborah predijo que solamente una mujer capturaría a Sisera, el líder enemigo. Esa mujer era Jael, en cuya casa busca refugio Sisera después que su ejercito fuera aniquilado por el de Deborah. Jael lo alimenta, le permite descansar y entonces, cuando él duerme, toma una estaca y un mazo y lo mata atravesándole la cabeza.

CAPITULO 7 – JUDITH

Quizás el personaje femenino más fuerte de la Biblia lo encontramos en el Libro de Judith, que está enteramente dedicado a la heroína que salvó Israel.

El pueblo de Israel es sitiado por el ejercito de Nabuconodosor, soberano del reino vecino, dejándolo sin agua ni alimento. Los lideres masculinos judíos estaban preparados para rendirse, pero Judith, una hermosa y piadosa viuda, tiene otro plan.

Vistiendo sus mejores ropas, entra al campo enemigo. Holofernes, el general del ejercito, se enamora de ella y planea seducirla. Pero cuando Judith esta sola en la recamara de Holofernes, ella lo decapita y lleva su cabeza a casa en su cesta de comida. Al quedarse sin líder, el enemigo cae. Todo Israel, incluyendo Jerusalén y su templo son salvados, y Judith regresa a su vida normal.

Judith representa una Super Mujer para los Judíos, pues mientras todos los hombres judíos se muestran débiles en este relato, ella ante la desesperanza de su pueblo, se arma de valor, toma la situación en sus manos y vence.

Tan grande fue su hazaña que mientras ella vivió nadie amenazó al pueblo de Israel, y ni siquiera en mucho tiempo después de su muerte.

CAPITULO 8 – ESTER

Otra heroína salvadora, quizás menos conocida, es Ester, “La Escondida”. A diferencia de Deborah o Judith su lucha no se da en el campo de batalla sino en el secreto de las paredes de un palacio real.

Durante el imperio persa, una pequeña parte del pueblo judío en la diáspora vive la angustia de la persecución y el exterminio por razones de racismo e intolerancia religiosa, simbolizada por el despecho que Hamán, brazo derecho del rey Asuero, siente por Mardoqueo, pues este no se arrodilla ante él por respeto a su Dios.

Poniendo en peligro su vida, Ester intercede ante el rey Asuero por vida de su pueblo y lo salva. Muchos minimizan su heroísmo debido a que ella es la esposa del rey, pero más allá de esta característica debemos ver a la mujer huérfana, débil y avergonzada, pero creyente, que llega a ser el instrumento con el cual Dios se solidariza con su pueblo y le hace justicia.

El final de la historia nos hace saber que la fiesta de Purim conmemorará para siempre el día “que los judíos quedaron libres de sus enemigos y la tristeza se volvió en alegría y el luto en alegría” y todo esto gracias a Ester.

CAPITULO 9 – RUTH

El libro más femenino (o feminista) de la Biblia es el Libro Ruth. A diferencia de los casos anteriores, aquí no aparecen santuarios, sacerdotes, profetas, visiones ni el pueblo judío esta en peligro de muerte.

A través de una delicada narrativa y una exquisitez de sentimientos, en este libro se nos cuenta una historia de amistad, amor y solidaridad entre dos mujeres en el infortunio, viudas y sin hijos, Ruth y su suegra Noemí.

La narración parte de una situación de hambre, migración, muerte y la incertidumbre en el futuro. Después de la muerte de los hombres de la familia (su suegro, su esposo y el hermano de este), Ruth abandona patria y familia para acompañar a su querida Noemí, a quien jura en uno de los más conmovedores testimonios de lealtad, diciendo: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios; donde tu mueras, yo moriré y allí quiero ser enterrada. Que Dios me castigue si algo, fuera de la muerte, me separa de ti».

Ambas regresan al pueblo de Noemí, y Ruth se encarga del sustento de su suegra, algo fuera de lo común en aquel tiempo.

La presencia de Dios en el relato es cómo un río subterránea que alimenta las raíces de la vida ambas mujeres, haciéndolas más fuertes. Pero, más que depender de Dios, dependen una de la otra, a través de circunstancias aparentemente casuales, en claro ejemplo bíblico de hermandad femenina en acción.

Para una mujer como Noemí el ser incapaz de poder dar continuidad al nombre de su marido era cuestión de vergüenza y desgracia. Sin embargo, después descubre la existencia de un pariente de su difunto esposo con el cual Ruth pueda casarse. De acuerdo a la Ley de Levirato la viuda tiene derecho a contraer matrimonio con el pariente vivo más próximo de su difunto esposo.

Pero si bien dicha Ley servía para asegurar la descendencia del marido difunto, Ruth rompe con la tradición y en lugar de reconocerlo como hijo de su difunto esposo se lo entrega a Noemí para que lo nombren hijo suyo, con lo cual le asegura a su suegra compañía y protección futura en su vejez y sobre todo la alegría de saber que el linaje de su familia continuará.

Tal vez está historia para muchos lectores tendría muy poco sentido si no tomamos en cuenta que Ruth, quien le da nombre al libro, es una moabita, es decir gente pagana de mala fama en el Israel de la época, lo que la mantendría dentro del grupo de los rechazados socialmente por la religión.

Sin embargo, debido a sus acciones misericordiosas hacia su suegra se gana la admiración y el respeto del pueblo judío. El premio por su actitud será uno que ambicionaría cualquier mujer de Israel, ser la bisabuela de David, el gran rey de Israel.

La historia de Ruth ha sido retomada y revalorada en la actualidad principalmente por mujeres lesbianas cómo un ejemplo del amor verdadero y fiel, para el cual no hay fronteras de raza, estrato social, religión ni género.

CAPITULO 10 – MARÍA Y ELIZABETH

Una de las mujeres más conocida y venerada en la tradición bíblica es María, la madre de Jesús. Sin embargo, más allá de la imagen exaltada y sacralizada de la Madre Virgen, la Madre de Dios o la Reina del Cielo, con la cual la mayoría de las veces no podemos identificarnos ni relacionarnos libremente y que no podemos tocar ni entender porque es muy diferente a nosotros, se encuentra la adolescente común y corriente.

Dios frecuentemente usa a las personas más débiles e insignificantes para lograr Sus propósitos. Y esta vez escoge a una mujer de tan solo 16 años para cumplir una de las más grandes misiones en la historia bíblica: ser la madre del hijo de Dios. Trabajo nada fácil si tomamos en cuenta que ella será la encargada de hacer que Jesús crezca, no solo en edad y tamaño sino también en sabiduría.

Cuando el Arcángel Gabriel se aparece a María y le dice que dará a luz al hijo de Dios, ella se llena de temor. Pero a diferencia de Moisés, Isaías y Jeremías, quienes protestaron arguyendo que eran muy viejos o muy jóvenes o no estaban lo suficientemente preparados para la tarea que Dios le había encomendado, María pone su confianza en Dios… y fue recompensada por ello. Ella misma reconociendo su humildad como sirviente del Señor predice acertadamente: «todas las generaciones me llamarán bendita».

En otro ejemplo bíblico de hermandad femenina en acción, Dios le da todo el apoyo y compañerismo necesario en la primera parte de su escandaloso embarazo a través de su prima Elizabeth, una mujer madura quien súbita y milagrosamente también queda embarazada y que dará a luz a Juan, el profeta que será llamado “El Bautista”.

A través de Elizabeth la historia del Antiguo Testamento termina oficialmente con la vida del último de los Profetas Hebreos. A través de María comienza una nueva historia de salvación y gracia con la vida, muerte y resurrección de Jesús.

María es quien da inicio al ministerio de Jesús, al inducirlo a realizar su primer milagro transformando el agua en vino en una fiesta de bodas en Canaán.

Ella también tendrá sus momentos de miedo, aunque no de duda. Al darse cuenta que la vida de su hijo peligraba, ella en compañía de sus otros hijos trata de llevar a Jesús de nuevo a casa e intentando protegerlo hasta lo califica de loco. Pero a pesar del miedo lo seguirá de cerca el resto de su misión y más allá, llegando a ser testigo del nacimiento de la primitiva iglesia cristiana, una secta del judaísmo llamada “El Camino”.

CAPITULO 11 – MARÍA DE MAGDALA

Pero si hablamos de escándalo, nuestro personaje más representativo dentro de la Biblia sin duda es María, la Magdalena.

Acostumbrados a verla como la lacrimosa prostituta regenerada por Jesús, esta mujer en realidad fue una persona de gran carácter y fuerza.

En una época en que las mujeres son comúnmente identificadas en relación a su esposo, su padre o su hermano, ella es identificada por su lugar de origen, un pequeño pueblo pesquero llamado Magdala.

María de Magdala, quien probablemente se llamaba Miriam, fue una mujer soltera con recursos propios y vida independiente. Ella se convirtió en seguidora de Jesús después de haber sido liberada por él de siete demonios y fue una de las varias que apoyaron su ministerio económicamente.

Se ha especulado que María fue algo más que una simple seguidora del Mesías, desde que fue una “amiga especial” hasta sugerir que se casó con él y engendraron hijos. El Evangelio de Felipe frecuentemente la muestra como la más cercana compañera del Nazareno, a quien él “acostumbraba besar”. La verdad es que ella fue la favorita entre los discípulos, tanto que solamente a ella, y no a los demás aprendices varones, es a quien revela sus enseñanzas secretas y conocimientos más desarrollados.

Reconocida como el hilo conductor de la historia central del Cristianismo, que se mantiene firme y fiel en la muerte, el entierro y la resurrección de Jesús, mientras sus seguidores masculinos fallan, llega a convertirse en la Apóstol de los Apóstoles, un rol sumamente extraordinario en un tiempo donde los testimonios de las mujeres frecuentemente se consideraban inválidos.

Pero María fue mucho más que la primera testigo de la resurrección de Cristo, para muchos su papel más importante en la Biblia, sino que incluso llegó a rivalizar con Pedro por el liderazgo de la naciente iglesia cristiana debido a su superior conocimiento de las enseñanzas del Hijo de Dios, de acuerdo a varios Evangelios Gnósticos. Y esta fue una muy buena razón para difamar su reputación hasta convertirla en la prostituta que todos conocemos.

Aunque en la Biblia no existe ninguna cita que haga referencia a que María fuese una prostituta. Su fama se debe a tradiciones posteriores, principalmente a una predica del Papa Gregorio “El Grande” (591 D. C.) quien confundió y fusionó a diversas mujeres en una, incluyendo a la Magdalena, y la pecadora sin nombre que enjuaga los pies de Jesús. Esto en realidad no resulta raro ni tendencioso si tomamos en cuenta que en el Nuevo Testamento muchas mujeres son llamadas María y no siempre resulta claro cual es cual.

Transformarla en una prostituta reformada sirvió para que los padres de la iglesia, la entonces naciente católica romana, mataran el argumento del liderazgo de las mujeres y de que ellas pudieran ser también dignas de las revelaciones divinas.

Sin embargo, un acercamiento al personaje de María desde la perspectiva de la prostituta como una pecadora redimida da cómo resultado un poderoso simbolismo: la versión femenina del hijo prodigo. Y si Dios puede aceptar a alguien como ella, entonces puede aceptar a cualquiera.

CAPITULO 12 – LAS OTRAS MUJERES DE JESÚS

Mateo, en su Evangelio, al hablar de la genealogía de Jesús rompe con la costumbre judía de solo mencionar a los patriarcas incluyendo a varias mujeres: Tamar, Rahab, Rut y Betsabé, la esposa escandalosamente adultera de Urias y octava esposa de David, quien más adelante engendrará al sabio Salomón.

Además de María Magdalena, María (la hermana de Marta y Lázaro), la madre de Jacobo y José (también llamada María y aparentemente esposa de Cleofás), la madre (sin nombre) de los hijos de Zebededo y una tal Salomé (personaje desconocido) fueron algunas de la mujeres discípulas que siguieron y sirvieron a Jesús desde Galilea. Pero ellas no fueron las primeras.

La primera persona en servir y apoyar a Jesús es una mujer, la suegra de Pedro, después de haber sido sanada de una fiebre. Contrario a la tradición vaticana, Pedro estaba casado y es presentado más adelante por Pablo viajando como una esposa, sin nombre.

Durante el ministerio de Jesús la aparición y participación de los personajes femeninos fueron constantes pero breves, y sin embargo muchas veces poderosas.

Jesús revela por vez primera su identidad como el Mesías no a alguien judío, ni a los líderes de Israel, ni a los sacerdotes del templo, ni a los maestros de la ley, ni a las autoridades romanas, sino a una mujer samaritana, una casta enemiga de los judíos, que además goza de muy mala reputación sexual, pues ha vivido con cinco diferentes hombres.

Esta mujer no solo es importante por ser la primera persona en recibir la revelación divina, ella se convierte en la primera evangelista al iniciar una misión y compartir las Buenas Nuevas con todo su pueblo gentil.

Una mujer sirofenicia, una extranjera no judía que pide a Jesús que sane a su hija, es la única persona en los evangelios que le gana una discusión haciéndolo que cambien de opinión sobre su misión. Es ella, y no Pedro ni Pablo, la que hace posible que quienes no somos judíos ahora también seamos salvos y formemos parte de la gente elegida por Dios.

Es a través de una mujer que había sufrido de hemorragias por más de 12 años que Jesús subvierte el valor de las escrituras (la Ley, la Biblia) cuando estas impiden mostrar misericordia y resultan un medio de opresión. Después de ella tocar las ropas de Jesús con la intención de curarse, él en lugar de repudiarla como impura, la bendice y exalta su fe.

A través de esta acción Jesús demuestra que las personas son más importantes que las leyes, reglas y preceptos religiosos. Tanto, que él sigue su camino, después haber sido tocado por esta mujer y haber realizado este milagro, en lugar de someterse a un rito de purificación como la ley judía lo exigía.

Una viuda que presenta su ofrenda en el templo se convierte en el ejemplo de Jesús de cómo se debe ofrendar: Más que dar o dar todo, lo importante es dar con fe y confianza en Dios, darse uno mismo a Dios a través de la ofrenda.

Una mujer que utiliza un costoso perfume para ungir a Jesús será quien despertará los celos de Judas Iscariote, quien se encargará de facilitar su arresto.

Posteriormente de ser condenado a muerte y despachado a su ejecución, es la esposa de Pilato la única persona poderosa quien afirma la inocencia de Jesús, después de haber tenido un sueño profético.

A diferencia de sus seguidores masculinos, las mujeres estuvieron presentes en la ejecución. Entre ellas, además de las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, estaban su madre y la hermana de esta.

El día de Pentecostés no fueron únicamente hombres quienes recibieron al Espíritu Santo de Dios, también hubo mujeres, tal como lo refiere Pablo citando al profeta Joel. Más adelante las cuatro jóvenes hijas (mencionadas sin nombre) de Felipe, el Evangelista, son reconocidas como profetisas.

CAPITULO 12 – LAS MADRES DE LA IGLESIA CRISTIANA

Mucho se habla de los padres de la iglesia cristiana, pero frecuentemente olvidamos a las madres de ella, a pesar de que el trabajo de estas fue mayor debido en gran parte a que los varones debían alternarlo con su trabajo secular.

La primera comunidad cristiana (iglesia) de la historia se reunía en casa de María, la madre de Marcos, el autor del Evangelio homónimo.

La sirvienta de ella, Rode, es la encargada de anunciar la milagrosa liberación de Pedro de la prisión a los miedosos discípulos, quienes en un principio no creen en las palabras de ella. Nuevamente como en la resurrección de Jesús, una mujer testifica con fe, mientras los hombres dudan.

Entre las primeras personas quienes lucharon contra la injusticia de la discriminación y el rechazo y a favor de la inclusión en la iglesia cristiana primitiva estaban las viudas helenistas. Dedicadas al ministerio, estas mujeres fueron quienes apoyaron e impulsaron la multiplicación de la iglesia en Jerusalén.

Muchas de estas viudas eran pobres y sin ningún tipo de protección. Entonces el cargo de Diacono fue creado para mostrar solidaridad hacia ellas. En un principio únicamente hombres fueron designados diáconos, pero más tarde también fueron designadas mujeres como diaconizas.

Una Diacona o diaconisa muy importante fue Dorcas, discípula viuda, poderosa y acomodada en la iglesia de Joppe, tanto que después de muerta Pablo interviene en su resurrección.

Otra mujer Diacono importante y poderosa es Febe, quien fue protectora de muchos y de Pablo mismo y la encargada de llevar a Roma la ya famosa carta de Pablo.

Cuando Pablo difunde el evangelio en la ciudad de Filipos es Lidía, una mujer inmigrante, comerciante, económicamente autónoma, de condición social acomodada y cabeza de una casa, la primera persona en dar la bienvenida a la palabra y en ofrecerle hospitalidad él.

Lidia era la jefa de un grupo de mujeres independientes, que vivían en su casa con ella y que se dedican al comercio de la púrpura, una tintura muy solicitada y de gran valor en aquel tiempo.

Ella se convierte en la primera mujer gentil bautizada y su casa en la primera iglesia de aquella ciudad. Su decisión es muy significativa para su tiempo, e incluso hoy en día, pues ella no requiere de aprobación alguna de varón para justificar su actuar.

A pesar de que nunca es menciona como líder religiosa, su papel como dueña de la casa (líder secular) le concedía gran respeto entre sus miembros, lo que motivó al prominente liderazgo eclesiástico de otras mujeres en el ministerio de esta iglesia.

Otra importante líder de la naciente iglesia cristiana fue Prisca, varías veces mencionada por Pablo, que incluso llega a corregir la teología del predicador Apolo, un hombre muy erudito en las escrituras.

Pablo alaba la valentía y el coraje de la obra de Prisca en la difusión del Evangelio (mencionando que ella actuó como hombre) y es muy probable que fuera ella, y no Pablo, quien fundase la primeras iglesias en Roma.

Mientras Prisca es halagada por actuar como hombre, Pablo de Tarso en algunas de sus cartas se describe a si mismo como una madre o una mujer que cría a sus hijos.

En su Carta a los Romanos encontramos que Pablo nombra nueve mujeres identificadas como lideres en la iglesia en aquella ciudad. Entre ellas desataca Junia, quien era Apóstol junto con su marido Andrónico, lo que evidencia el fuerte liderazgo de las mujeres en las primeras iglesias.

Pero al igual que María de Magdala, la voz de Junia fue callada durante siglos por algunos escribas griegos que estaban en contra del liderazgo de las mujeres en la iglesia al cambiar sexo de este personaje presentándolo posteriormente como Juno.

Otro caso similar es el de Ninfa, mujer independiente, madre y líder de la iglesia en Laodicea, quien será suplantada en los escritos por Ninfas, su nombre en forma masculina.

Evodia y Sintique fueron otros personajes femeninos también muy importantes en el desarrollo de la iglesia.

La mayoría de las veces la participación y la intervención de las mujeres en el nacimiento de la incipiente iglesia no es detallada, aunque sí son descritas en grupo cuando su liderazgo y aportación son notables, como por ejemplo el inicio de la iglesia en Tesalónica, el crecimiento de la iglesia en Corinto.

En otras ocasiones las mujeres intervienen de manera indirecta y pasan casi desapercibidas, como Loida y Eunice, abuela y madre respectivamente, de Timoteo, quienes lo instruyeron en la fe hebrea. Los maestros de Timoteo no fueron hombres, sino mujeres.

Eunice y su hijo habían seguido el camino de Jesús poco antes de conocer a Pablo, quien escogería a Timoteo como compañero de viaje y ministerio.

Para el cristianismo primitivo la división entre hombres y mujeres y sobre todo la distinción y diferencias de género, sociales, culturales y religiosas entre unos y otros no es algo aceptable. Para Pablo los hombres y mujeres bautizados son libres e iguales, llegando incluso a rechazar la circuncisión, símbolo de superioridad ante Dios, que era exclusividad de los hombres.

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Fuentes:
The Bible’s Lost Stories
Barbara Kantrowitz y Anne Underwood
Newsweek Magazine, 8 de Diciembre del 2003
Volumen CXLII, N° 23

The Subversive Gospel: A New Testament Commentary of Liberation
Rev. Dr. Tomas Hanks
Pilgrim Press, 2000
Cleveland, Ohio, USA

La Biblia También es la Historia de las Lesbianas y los Gays
Elder Rev. Nancy Wilson
Nancy L. Wilson 1992

Los Libros de Ruth, Judit y Ester
Colección: La Biblia, El Libro de los Libros
Ángeles Caso y Dolores Aleixandre
Ediciones de Bolsillo SA, 1998

Creative Commons License  
Marco Rubio 2010 Algunos Derechos Reservados
Licencia bajo Atribución de Autor / Sin Fines Comerciales / Sin Obras Derivadas
de Creative Commons 3.0

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Año Nuevo, Proyectos Nuevos

Después de mucho meditarlo en los últimos meses, he decido poner fin a esta aventura.
Este blog ya no sé seguirá editando más.
Gracias a todos aquellos quienes visitaron con frecuencia este espacio desde que estaba en spaces.live.com.
Marco Rubio.
Enero, 2012.

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